En educación se habla de tres saberes: saber, saber hacer y saber ser.
Sobre el papel parecen integrarse con facilidad, pero en la práctica del aula no siempre ocurre así.
Por ejemplos:
- El estudiante aprende sobre las efemérides (historia) y hace una exposición (comunicación), pero no desarrolla un sentido de identidad o de responsabilidad ciudadana,
- El estudiante hace un cartel para hablar de la paz, pero no sabe resolver un conflicto con sus compañeros
- El estudiante expone sobre las medidas para cuidar el planeta, pero usa materiales que terminan contaminando el patio de la escuela
👉Aquí es donde los saberes comienzan a fracturarse.
Como siempre, reflexiono, me pregunto y a la vez me respondo:
¿Por qué el saber sigue siendo el centro principal en la planificación de algunos docentes?
Porque el contenido (contesta, explica, define, escribe, subraya, llena el siguiente cuestionario) se evalúa con mayor facilidad
¿Y qué pasa con el saber hacer?
Bueno, ese aparece en actividades, en tareas, en ejercicios que el estudiante cumple (exponer, hacer maquetas, entregar trabajos, etc. ) pero a veces sin una conexión profunda con lo que realmente significa aprender.
¿Y el saber ser? ¿Qué estamos haciendo con el?
“Ese que tiene que ver con cómo el estudiante piensa, se identifica, se relaciona, actúa y toma decisiones en la vida real…” la integración de los valores en su accionar. muchas veces se deja para después.
Se le asigna un área específica: orientador, psicólogo, docente de formación humana. como si fuera algo secundario.
Es cierto, es el más difícil de integrar porque no se evalúa igual que los otros.
Aquí es donde empiezo a sentir la desconexión en la planificación y los tres saberes..
👉Otro ejemplo puntual:
Llega una efeméride. El centro se llena de cartulinas coloridas, bailes y sonrisas para la foto. Los padres aplauden. Pero cuando el evento termina, las cartulinas van a la basura.
¿Qué pasó con el reciclaje y el cuidado del entorno?
¿Qué quedó en el estudiante después del desfile?
Si el estudiante tiene el concepto y realiza la tarea, pero no internaliza ni reflexiona, el proceso está incompleto.
Y claro que se nota: cuando lo aprendido no trasciende fuera del aula, cuando hay dificultades para actuar con autonomía en contextos reales.
Me quedo con esto, no como respuesta, sino como reflexión:
El estudiante logra su aprendizaje
✔ Cuando entiende lo que hace (saber)
✔ Cuando sabe aplicarlo en otros contextos (saber hacer)
✔ Cuando actúa de forma coherente en su vida (saber ser)
Esto se construye en el tiempo: Si no hay transformación en el ser, algo queda incompleto.
El "Ser" es lo que le da sentido a todo. Sin él, el saber es solo información y el hacer es solo técnica.
Y aquí la pregunta más incómoda es:
¿Estamos diseñando para que el estudiante se transforme, o solo para que la experiencia se “sienta bien” en el momento y dé una calificación?
Johanna Santana
Educadora bilingue,líder y gestora educativa

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