La mirada común desde afuera es que el director(a) de un centro educativo siempre está sentado en la oficina. Se le juzga, se le señala y se le ve como figura de autoridad que solamente está para mandar. Muchas veces se asume que su trabajo es distante y desconectado del aula.
Sin embargo, detrás de esa percepción hay una realidad mucho más compleja.
Cuando surge un tema de disciplina u otra situación en el aula, la primera acción es dirigirse a la dirección del centro. De igual manera, los padres, cuando quieren presentar una reclamación o una queja, solicitan hablar con el director.(a)
En mi propia experiencia como directora, viví un liderazgo muy activo dentro del centro educativo. No se trataba únicamente de delegar funciones, sino de estar presente en el proceso diario, acompañando, supervisando y asegurando que las dinámicas del centro avanzaran de forma coherente.
Esa presencia hacía que el equipo entendiera que el trabajo no era aislado, sino compartido. Pero también viví situaciones como las que menciono anteriormente: situaciones de disciplina y llamados de atención por alguna situación de maestros que recaían sobre la gestión que yo realizaba.
Todo esto es lo que no se ve del director sentado.
Cuando alguien ve a un director(a) en su oficina, no siempre imagina lo que está ocurriendo en ese mismo momento. Puede estar atendiendo llamadas de familias con situaciones complejas, resolviendo solicitudes urgentes del Ministerio de Educación, gestionando documentación administrativa con plazos ajustados o tomando decisiones que afectan a toda la comunidad educativa.
Es un espacio de gestión constante, no de pausa.
La cantidad de demandas institucionales es uno de los mayores desafíos que enfrenta el director.
El Ministerio de Educación solicita reportes, listados y documentos con frecuencia y, muchas veces, con tiempos muy cortos de entrega. Hasta los fines de semana los directores son contactados. Frases como “para hoy” o “de inmediato” forman parte del día a día.
Visitas al distrito, reuniones, todo esto obliga a trabajar con anticipación y capacidad de respuesta rápida para no descuidar lo pedagógico.
Antes de juzgar la labor de un director(a) o de cualquier cargo directivo, es necesario comprender la complejidad de su rol. Un centro educativo se sostiene con todo su personal: desde el aula, coordinación, administración y el área pedagógica.
Detrás de una puerta cerrada no siempre hay descanso. Muchas veces hay decisiones y presiones simultáneas.
Johanna Santana
Educadora, líder y gestora educativa



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