Llegas un lunes y la realidad te golpea de frente: un caso de conducta en la entrada, planificaciones acumuladas y un padre esperando. Miras a los lados y no hay coordinador ni psicólogo. En la recepción, la secretaria resuelve sobre la marcha.
Esto no te lo enseña la universidad; lo aprendes en el día a día, entre aciertos y equívocos.
La trampa y la verdadera salida
La salida es mirar con honestidad lo que sí tienes: tus maestros. No para recargarlos, sino para aligerar la carga de todos.
El principio de la mesa pesada:
Si intentas mover la mesa tú solo, te rompes la espalda. Si se la dejas a una sola persona, lo aplasta. Pero si varias personas la levantan por diferentes lados, la mesa pesa menos y llega a su destino.
Johanna Santana
Aliados, no amigos de fin de semana
Involucrar al maestro no es recargarlo. Es crear una alianza profesional: yo dependo de ti, tú dependes de mí, y entre todos sacamos el centro adelante. No es para enviarse mensajitos los fines de semana; es para ganar una batalla común.
¿Cómo llevarlo a la práctica?
Sincerar objetivos: Ajustar las metas a la realidad del centro, no a las de un macrocolegio.
Asignar posiciones: Definir de qué lado de la mesa se coloca cada quien (quién hace qué, cómo y cuándo).
Poner a circular el conocimiento: Las reuniones se vuelven talleres donde los mismos docentes capacitan a sus pares.
Comités de disciplina rotativos: Todos los maestros velan por el orden en los pasillos. Velan, no se sobrecargan.
La salida salomónica: ¿Qué hacer si no hay psicólogo?
El maestro no es psicólogo ni debe tomar decisiones terapéuticas. Frente a la falta de personal, aplicamos una solución de transición:
El maestro es el primer detector: Usa una ficha de observación sencilla para documentar objetivamente lo que ve, sin emitir juicios.
La dirección conecta con el exterior: Con esa ficha, la dirección se apoya en un profesional externo esporádico que se reúne con la familia y traza la ruta.
No es la salida perfecta, pero es la salida real. El maestro se siente respaldado, la familia orientada y el director no actúa a ciegas.
El verdadero liderazgo no se demuestra con el organigrama soñado de los manuales. Se demuestra en la necesidad, parándote en el barro junto a tu gente.
Johanna Santana
Educadora bilingue, lider y gestora educativa


Liderar una escuela sin un organigrama ideal exige pasar de una estructura rígida a un liderazgo flexible y pragmático: consiste en mapear los talentos y fortalezas reales del equipo en lugar de esperar puestos teóricos, definir con total claridad quién responde por cada tarea para evitar duplicidades, y distribuir el trabajo en comisiones dinámicas apoyadas en una comunicación transparente e informada.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo. Gracias por tu valioso aporte.
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